SOBRE LAURA
El ser humano que construye
Y terminamos siendo lo que construimos.
«Durante años pensé que estaba construyendo empresas. Con el tiempo comprendí que ellas también me estaban construyendo a mí.»
Durante más de veinte años he construido empresas, despachos, equipos, proyectos y sueños. Y durante mucho tiempo pensé que ese era el trabajo: construir más, crecer más, llegar más lejos.
Hasta que apareció una pregunta que cambió muchas cosas:
¿Quién me estoy convirtiendo mientras construyo todo esto?
Esa pregunta terminó convirtiéndose en Homo Emprendedora.
Llegué desde una crisis
Homo Emprendedora no nació de un éxito. Nació de una crisis. De propósito, de dirección, de identidad.
Había construido mucho más de lo que aquella joven abogada que empezaba su carrera habría imaginado. Y, sin embargo, sentía que algo no encajaba. Había confundido demasiadas cosas: mis miedos con la empresa, y la empresa conmigo misma. Había empezado a creer que mi valor dependía de los resultados, del crecimiento, de los objetivos alcanzados o de los que aún quedaban por alcanzar.
Y entonces entendí algo que hoy considero fundamental:
La empresa no eres tú.
El proyecto no eres tú.
Tus éxitos no eres tú. Tus fracasos tampoco.
Aquella crisis me obligó a detenerme y a mirar hacia dentro. Y fue ahí donde comenzó realmente Homo Emprendedora.
"Mirar hacia adentro fue el inicio de la verdadera construcción."
Identidad
Soy abogada. Soy empresaria. Pero sobre todo soy una constructora.
He construido despachos, empresas, equipos, proyectos, formaciones, comunidades, ideas. Algunas han salido bien. Otras no. Algunas han crecido más de lo que imaginaba; otras desaparecieron antes de tiempo. Pero todas me enseñaron algo.
Porque con el tiempo comprendí que la empresa era una escuela. Y que la vida también lo era. Una escuela donde aprendemos sobre liderazgo, libertad, miedo, relaciones, felicidad, propósito. Y sobre nosotros mismos.
Evolución
Lo más importante que he construido
Si miro hacia atrás, no creo que lo más importante que haya construido sean mis empresas. Ni mis despachos. Ni mis proyectos.
Lo más importante que he construido soy yo.
Me he construido. Y me he reconstruido tantas veces como ha sido necesario. Después de errores, de pérdidas, de fracasos, de cambios de rumbo, de decisiones difíciles. Después de sueños cumplidos que dejaron de tener sentido, y de sueños que nunca llegaron a cumplirse.
Cada etapa me obligó a convertirme en una versión distinta de mí misma. Y quizá por eso hoy creo que la construcción más importante que realizaremos jamás no es la que aparece fuera. Es la que ocurre dentro.
EL CAMINO
El sueño que siempre estuvo ahí
Cuando era niña nunca soñé con ser abogada. Soñaba con ser misionera. Soñaba con viajar por el mundo, conocer otras culturas, ayudar a personas y comunidades que atravesaban situaciones difíciles. Con contribuir, de alguna manera, a mejorar la vida de otros.
La vida me llevó por otro camino. Me convertí en abogada. Después en empresaria. Construí despachos, empresas, equipos y proyectos. Y durante más de veinte años aprendí algo que no aparece en ningún título académico: aprendí construyendo, equivocándome, acertando, observando a las personas, liderando, acompañando, cayéndome y volviendo a empezar.
Con el tiempo comprendí que todos esos aprendizajes tenían valor. No solo para mí, también para otras personas. Y entonces entendí algo que me emocionó profundamente:
«Quizá aquella niña que quería ser misionera nunca había desaparecido. Solo había encontrado otra forma de cumplir su propósito.»
Mi Propósito
Desde muy joven descubrí que la libertad era uno de mis valores más importantes. No entendida como ausencia de obligaciones, sino como la posibilidad de elegir conscientemente la vida que quiero construir. Quizá por eso siempre me han atraído las personas que se atreven a crear, a empezar de nuevo, a cuestionar las reglas establecidas y a imaginar posibilidades distintas.
Y si tuviera que resumir mi propósito en una palabra, elegiría esta: inspirar. Inspirar a una persona para que se atreva a dar el paso que lleva años posponiendo. A un profesional para que descubra de lo que es capaz. A un equipo para que crea en una visión común. A un emprendedor para que vea oportunidades donde antes solo veía obstáculos. A una comunidad para que encuentre recursos donde antes solo veía límites.
No me interesa decir a las personas cómo deben vivir. Me interesa recordarles que pueden construir una vida más libre, más consciente y más alineada con quienes realmente son. Porque creo que la libertad es uno de los mayores regalos que podemos ofrecernos. Y que ayudar a otros a descubrirla es una de las formas más hermosas de contribuir.
Hoy resumiría mi propósito así:
Inspirar a las personas para que asuman la responsabilidad de construir una vida más libre.
La Lección Más Importante
La Autorresponsabilidad
Si hay una idea que ha transformado mi vida más que ninguna otra, es esta. No siempre podemos elegir lo que nos ocurre. Pero sí podemos elegir qué hacemos con ello: cómo respondemos, qué construimos, qué significado damos a nuestras experiencias, si seguimos avanzando.
«La libertad no aparece cuando desaparecen los problemas. Aparece cuando dejamos de esperar que alguien venga a resolverlos por nosotros, y asumimos que la responsabilidad de construir nuestra vida nos pertenece.»
Este es el encabezado
Nace de la felicidad que siento cuando veo crecer a otra persona. Cuando un profesional descubre capacidades que no sabía que tenía. Cuando un emprendedor consigue ordenar una idea que parecía imposible. Cuando alguien encuentra más claridad, más confianza o más libertad para construir la vida que desea. Incluso cuando ese crecimiento implica que continúe su camino lejos de mí.
Porque el crecimiento de otros nunca ha sido una amenaza. Siempre ha sido una de mis mayores alegrías.
Por eso Homo Emprendedora no es solamente un proyecto de formación. Ni una comunidad. Ni una filosofía. Es una forma de poner al servicio de otros todo aquello que la vida, las empresas, los errores y las personas me han enseñado durante el camino.
Una voz propia
Durante mucho tiempo, creí que para hablar de empresa y liderazgo había que usar un tono frío, distante, lleno de tecnicismos. Que había que mostrarse siempre fuerte, seguro, con todas las respuestas y profundamente invulnerable.
Hoy sé que esa no es mi voz.
Mi voz incluye las dudas, los miedos, las equivocaciones. Incluye la intuición, la sensibilidad, la reflexión pausada. Incluye la certeza de que el mundo de la empresa no está reñido con el humanismo, sino que lo necesita desesperadamente si queremos crear proyectos sostenibles.
Aquí no encontrarás dogmas ni fórmulas mágicas infalibles. Encontrarás experiencias compartidas, reflexiones y, sobre todo, preguntas abiertas.
Porque he descubierto que las buenas preguntas construyen mejores cimientos que las respuestas absolutas. Y de eso va Homo Emprendedora: de hacernos juntos las preguntas correctas.
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